Adiós, escorpión

Recuerdo en la terraza de mi casa, las persianas de madera blanca clareaban. Tu silueta en la penumbra, en manga corta. Había un canario enjaulado a tu espalda .

Y yo te grité.

El pececito contra el escorpión. Te canté las cuarenta y tú con la mirada herida, los brazos cruzados sobre el pecho, rebelde, de vuelta de todo con 15 años, jugando con el paquete de Fortuna.

Y ahí casi se acaba todo, dos orgullos enfrentados y un “hasta aquí hemos llegado”.

Pero en un segundo, aunque tú no quisieras, entre tus palabras de indiferencia y tú encogerte de hombros con el aguijón preparado, vi que te comunicabas así. Un relámpago de entendimiento me hizo saber que eran tus ganas de llegar a mí lo que te hacía atacarme.

Vi a la chica sensible deseando ser amada. Y tú viste también mi intenso deseo de que te acercaras de otra manera y mi torpeza para pedírtelo. Siempre fue más fácil eludirte que mirarte a los ojos.

Por suerte aquel día no nos rendimos. Nos aceptamos.

Y nos recuerdo por fin conectadas y relajadas, tan distintas pero tan iguales, en tu habitación, sentadas en el suelo, escuchando tu casette de Junco. Y yo, que iba de lista, decía que no me gustaba nada la música que me ponías y luego me marchaba a casa, ligera y con entusiasmo adolescente, cantando por la calle: “Hola, mi amor, tengo que hablar contigo…”

Sonreía cada vez que escuchaba tu canción en la radio, pero eso, claro está, jamas te lo confesaría.

Descansa en paz, amiga ❤️

3 comentarios en “Adiós, escorpión

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s