Encajera de día

Comienzo esta sección con un relato de Josebel Esteve. La premisa inicial era escribir con la imagen de un laberinto en mente; en este caso se trata de un laberinto de deseo… Me encanta su planteamiento, su sugerencia y… el giro final.


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Encajera de día

No sé ni por dónde empezar; Tal vez, y si pretendo ser rigurosa, debería remontarme a aquella vez que me costaba subir una cuesta empinada y un hombre me dio la mano. Su tacto fuerte y extraño me produjo un primer placer inocente, germen de perversas fantasías que con la edad he intentado recrear con fidelidad.
Soy hábil con los encajes de bolillo, como mi madre. Trabajamos sobre todo para la iglesia, que nos encarga las puntillas para los lienzos de altar. Soy una inocente mujer que teje cenefas de santos de día, y que por la noche se pierde en un laberinto de deseos. Me es imposible escapar de la tentación, ya que mi vitamina es el éxtasis que me produce el roce de una boca desconocida y el calor de una mano tanteando bajo mi falda.
Cada mañana me juro que no volverá a pasar, porque si se supiera me quedaría sin trabajo y porque esa satisfacción de deseos corroe mi autoestima. Mis instintos son tan salvajes que siento que pierdo mi naturaleza humana cuando me entrego a ellos, sin embargo, no puedo evitarlos.
Cuando anochece me creo una devoradora que goza de un poder cautivador, que a la postre resulta ficticio porque no me como a nadie, más bien me siento carroña para alimañas cuando todo acaba.
—Madre. He de hablarte. Deja que te cuente. No sé cómo escapar de mí misma —confieso mientras cosemos los bolillos a la inmaculada tela del altar de Santa María Magdalena.
Ella me toca la mano y me mira con dulzura.
—Todo pasará, hija mía. No te machaques. A mí se me pasó.

Josebel Esteve

Comentarios

Una respuesta a «Encajera de día»

  1. Avatar de El Tesoro de Mama

    Sublime, como todo lo que escribe Josebel

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