El otro día, una compañera de Twitter se quejaba en su blog de que no hubiera más historias que contaran cómo una lesbiana fallaba en su intento de conquistar a una hetero. En esencia, creo que Emma se lamentaba de lo trillado que resulta el argumento «lesbiana convierte a hetero y viven felices». A ella, según yo entendí, le gustaría que, para variar, se ahondara en el sufrimiento de alguien que no consigue ese propósito. Al debate se unió la siempre sagaz @nicoporfavor y yo no supe cómo manifestarme en 140 caracteres.
A mi misma, a botepronto, echando un ojito a mi estantería, me viene a la cabeza alguna novela en la que la chica no consigue ganar el amor hetero.
Soy un bicho raro, de Anne Bannon; El lustre de la perla, de Sarah Waters (en ambas novelas, la protagonista pierde a su primer amor en favor de un hombre, pero nuestras chicas ganan en madurez personal y se encaminan solas por el apasionante camino de asumir su sexualidad). Enseguida constato de lo difícil que es abordar esta pregunta sin caer en reduccionismos. Y es que me resisto a hacer afirmaciones genéricas, porque yo no he leído más que un poquito de eso que conocemos por literatura LGTB.
Aun así y una vez confesada mi ignorancia, me voy permitir dar una opinión más allá del espacio que nos permite Twitter, que es, básicamente, lo que me proponía con el post.
Las ataduras del género
Para empezar, escribir novela lésbica como novela de género, tiene unas condiciones (como todo género) que suelen conducir hacia cierto tipo de argumentos. Esto no es baladí, pues fundamenta las expectativas que de la novela se va a hacer el espectador. Y defraudar esas expectativas es un pecado capital. Está demostrado que el/la lector/a de género desea que se cumplan esas reglas.
La amplia etiqueta que hemos puesto (novela lésbica) se puede dividir a su vez en novela romántica; negra o policial; histórica; de ciencia ficción; de misterio; erótica… y cada una de ellas tiene sus reglas y convenciones.
Además, para aumentar las posibilidades, los géneros se mezclan entre sí, dando lugar a híbridos muy interesantes e inspiradores.
En cierto modo, al ser un conjunto de normas, el género limita al autor: Hay transgresiones que pueden provocar un fracaso asegurado. Por otro lado, dejan la libertad de explorar en tramas y personajes. El género está vivo y es responsabilidad de l@s creador@s que no se estanque en los pantanos de la repetición y lo facilón.
La lectora ideal
Generalmente, existe un destinatario ideal para estas historias creadas desde la perspectiva del género puro: y, en el caso que nos ocupa, es una lectora mujer homosexual. Cuando se escribe específicamente para este segmento (al igual que pasa con la romántica hetero), se trata ,en esencia, de ofrecer una historia contada desde la perspectiva de una protagonista homosexual que va a vivir una peripecia y evolucionar a lo largo de la historia. El final, si la novela es romántica, el 99% de las veces conllevará el premio del amor. Y este esquema acoge muy bien a la historia que cuenta cómo esa chica lesbiana consigue conquistar a la hetero.
Por supuesto, en otro tipo de géneros dentro de la narrativa lésbica, puede que el triunfo del amor no sea el resultado final (la novela negra, por ejemplo gusta mucho del héroe/ heroína derrotad@ y solitari@ y suele conducir a esta a menudo a la soltería eterna).
Pero es verdad que, como contrapartida de la visibilidad, el centrarse en la experiencia de mujer lesbiana (definida por entero por su orientación sexual) a veces reduce esa misma condición y acaban aflorando los lugares comunes…
Estereotipos o clichés
Por otra parte, si tomamos el argumento «Lesbiana convierte a hetero» como estereotipo, podríamos hablar casi de un subgénero en sí mismo. Es este argumento uno de los que nutren el repertorio LGTB, porque responde a la realidad y fantasías de autoras y lectoras. Sí, en principio un estereotipo parte de un hecho real que, a fuerza de repetición, ha calado en el imaginario colectivo. Ahora bien, un estereotipo es algo que puede torcerse hacia lo manido (cliché), o bien ser sujeto de nuevas lecturas y ricas interpretaciones. En mi opinión, esto ya está en la pericia personal de l@s auto@es. Hay que tener en cuenta que una novela romántica de género no suele tener entre sus ambiciones el repensar un cliché.
Suicidas, Lady dramas y vampiras
¿Son buenos o malos los tópicos? ¿Responden a la realidad o la crean? Son preguntas interesantes para debatir.
Hasta hace unos pocos años, uno de los tópicos de la ficción basada en personajes lesbianas, era su final dramático, dada la incomprensión y la ruptura social que suponía la elección sexual homoerótica. Afortunadamente, con el paso del tiempo, las opciones de felicidad para nuestros queridos personajes han aumentado. Tal vez en unos años se instale el cliché de la mujer lesbiana aburguesada y madre de familia. Todos estos cambios son símbolo de la madurez de un tipo de literatura que va ganando en títulos y argumentos.
Pero vayamos por un momento a la otra cara de la luna… Otro tópico que circula por la ficción desde antes de la maravillosa Carmilla es el de la malvada lesbiana que «vampirizaba» (metafóricamente o no) a la inocente hetero. Esta mujer perversa era después vencida por el caballero -en un esquema parecido al de príncipe salva a la princesa y mata al dragón-. Así que, después de todo, la emergencia de personajes lesbianas que conquistan a una mujer hetero sin que se hunda el mundo, no es nada despreciable.
Antes de acabar, me atrevería a animaros a leer la última novela de nuestra querida y muy mainstream Sarah Waters en la que aborda esta cuestión de lesbiana enamorada de hetero (yo no voy a decir más).
Para gustos, colores
Por supuesto y en definitiva, en la variedad y la diversidad está el gusto. Toda experiencia humana puede ser materia para la ficción y en ese axioma caben tanto la conquista de heteros como el amor defraudado y los corazones rotos. A veces, nuestra incipiente literatura ha quedado muy encerrada en la pequeña novela que se contenta con la existencia de personajes homosexuales. Pero yo creo que es una cuestión normal. Paso a paso, estoy convencida, vamos a ir ganado en nuevos modos de representación, en más y mejor conocimiento de eso tan fácil ya la vez esquivo de definir como es la narrativa lésbica.

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