La reina de las espinas y la chica traumatizada por los tabloides

No sé a vosotr@s, pero a mí a veces me llegan datos de aquí y allí que leo/oigo de manera casual y que, sumando sumando, resultan con el tiempo en un amplio catálogo de curiosidades. Estos imputs aumentan dada mi afición al cine y la literatura. Así pues, activando el filtro lésbico (uno tan bueno como otro cualquiera), he descubierto un buen número de anécdotas rescatadas del torrente informativo general y he decidido ponerlas en común. Unas serán conocidas, otras no tanto. La mayoría me las encuentro en la periferia de otra cosa, sin buscarlas. Y son las que más me gustan, claro está.

Y aquí va la primera:

La Reina de las espinas y la traumatizada por los tabloides:

Ahora que está abierta de nuevo la temporada de Juego de Tronos, con la legión de fans soñando con las tierras de Poniente y de Invernalia, creo que podría empezar por aquí…

L@sseguidor@s más entregados, seguro que conocen a un personaje que, de momento, aún no ha aparecido en la quinta temporada, pero que, por lo que sé, va a ganar de nuevo en importancia en breve. Se trata de una mujer sabia y con mucha clase y carácter. Hablo de la abuela de Margaery Tyrell (muchacha esta última  que ahora es reina por haberse casado con el hijo de Cersey Lannister…) ¿Nos situamos?

Pues bien, la abuela de Margaery es Lady Olena Redwyne, alias  la Reina de las Espinas. Y de aquí quiero partir. Este papel tan interesante y carismático lo interpreta Diana Rigg.

Diana Rigg es una conocida y popular actriz británica que fue muy habitual entre los telespectadores de los sesenta por su papel de Emma Peel en la serie Los Vengadores.

 Pues bien, no sólo es una gran actriz si no que  tiene una hija, también actriz, de nombre Rachael Stirling (1977).  Pues bien, esta chica empezó a hacer sus pinitos en el cine, tratando, como buena hija de famoso, de no permanecer a la sombra de su madre. A los 25 le llegó la oportunidad de volar. En 2002 le ofrecieron un proyecto ambicioso. Una miniserie de la BBC algo atrevida por su contenido. Pero la cosa no funcionó. Lejos de eso, fue un absoluto desastre. Los tabloides, con muy mala leche, le pegaron un tremendo “chorreo”, burlándose de sus condiciones como actriz, de sus aptitudes para el desnudo y de sus escenas lésbicas. La pobre chica dejó de actuar por un tiempo y acabó sirviendo copas.

La serie de la que hablo es, nada más ni nada menos que la adaptación televisiva de El lustre de la perla, de Sarah Waters.

Independientemente de su convicción en el papel y de la calidad de la adaptación, no hay que subestimar a los periódicos sensacionalistas cuando encuentran un filón. Tampoco hacerles mucho caso, claro, en su lectura heterosexista y sesgada.

Afortunadamente, años después, Rachael se ha centrado en el teatro y, de momento, ha conseguido dos nominaciones a los prestigiosos premios Olivier.

En fin, toda nuestra solidaridad con ella.

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