Tenía ganas de una lectura veraniega. Elegí esta historia con curiosidad por ver cómo trabaja el ritmo y un narrador en tercera apersona omnisciente que pasa de un personaje a otro y reparte el protagonismo entre un grupo. De hecho, la novela se llama Aeropuerto y el aeropuerto es el protagonista. Los personajes están al servicio del todo, son piezas de un mosaico y todos en conjunto forman el aeropuerto. Eso me gusta.
Es esta obra el punto de vista se reparte entre los pilotos, las azafatas, el personal de tierra: el gerente del aeropuerto, controladores aéreos, técnicos de mantenimiento, seguridad, pasajeros, polizones, limpiabotas, vendedoras de seguros, vecinos afectados por el ruido del aeropuerto, el abogado que los representa… todos ellos forman el fresco.
A veces se nota la simpatía del narrador por alguno de estos personajes. Por ejemplo, el gerente, Mel Bakersfield, es íntegro y dedicado, con sus problemas matrimóniales pero honesto, con visión y ambición por contribuir a los aeropuertos del futuro; en cambio el abogado Freemantle es presentado como un oportunista manipulador sin escrúpulos. En otros casos los personajes son presentados de forma más neutra.
Hay que destacar que la novela presenta actitudes y roles de género que son propios de 1968 y que se ven ahora como anticuados y desfasados; entendemos a los personajes como humanos con sus problemas pero la sociedad ha cambiado desde entonces. Situar a Aeropuerto en su contexto es fundamental y eso no impide disfrutarla como thriller psicológico.
En mi opinión, parte del mérito y del éxito del libro está en el trabajo de documentación que se exigió el autor. Hailey nos sumerge de forma envolvente y verosímil en un aeropuerto estadounidense de finales de los sesenta, el Lincoln Internacional (un aeropuerto ficticio situado en Chicago). Nos muestra el funcionamiento y filosofía de las aerolíneas clásicas (servicio excelente, comidas de lujo, experiencias centradas en la satisfacción del pasajero); las nuevas (en aquel entonces) perspectivas de los aeropuertos con sus desafíos; la emocionante era de los jets, las perspectivas de la aviación comercial, el aumento de pasajeros, los retos en el diseño y eficiencia de aeropuertos que necesitan una renovación (y escapar del esquema de las estaciones ferroviarias).
Sin este conocimiento integral esta novela no seria posible (sería imposible imaginar los detalles; se podría escribir sobre un aeropuerto y las historias humanas pero no conseguiríamos el efecto). Hailey es preciso y minucioso en todo: en su descripción de partes del avión, de protocolos, de las funciones y rutinas de los distintos oficios etc. La precisión es una buena manera de elevar la calidad de una obra, claro que podemos caer en el aburrimiento si sobrecargamos de datos. Al fin y al cabo, la ficción nos engancha porque nos importan los personajes, las historias, las relaciones humanas. El autor, en ese sentido, nos da lo que buscamos, una historia humana en un universo muy bien documentado y además pone las cosas tensas con elementos clave:
- una tormenta de nieve histórica
- una pista de aterrizaje bloqueada por un avión hundido en la nieve
- un vuelo nocturno a Roma
- un pasajero con una bomba en un maletín
- un personaje que planea suicidarse al acabar la jornada
Despejar la pista a tiempo para un aterrizaje forzoso será un asunto de vida o muerte ( combinando dos elementos poderosos en ficción: un plazo límite + personaje carismático: el jefe de mantenimiento Petroni) A todo esto hay que sumar amoríos, ambiciones, problemas personales, estrés, responsabilidad brutal…
A partir de estas situaciones centrales los personajes revelarán su verdadero carácter y el lector sigue con interés y expectación el desenlace.
El suspense se maneja a partir de las situaciones expuestas y también se maneja en pequeño. Por ejemplo, Gwen, azafata amante del piloto, el capitán Demerest, que se encuentra en el mismo vuelo y ademas, embarazada, es herida por la bomba pero no sabemos nada de ella; el narrador se aparta de esa zona del avión para centrarse en los pensamientos de Demerest, entregado a salvar el aeroplano. ¿Está viva, muerta? Se nos oculta durante un buen tiempo.
En el final del libro todos los elementos confluirán: el contrarreloj por despejar la pista para el aterrizaje forzoso del avión, los pilotos que deben llevar el avión a tierra, el controlador aéreo que debe asistir al vuelo (y aplazar o no su decisión de suicidarse), los esfuerzos del gerente Bakersfield por manejar la situación de emergencia.
Cuando abandonamos el libro tenemos la sensación de haber hecho un zoom desde el macrocosmos del aeropuerto con sus idas y venidas, sus personajes, sus pequeñas historias.
La novela fue adaptada con éxito en el cine en una película coral, Aeropuerto (1970) dirigida por Geroge Seaton y protagonizada por Burt Lancaster, Dean Martin, Jean Seberg, Jacqueline Bisset … Helen Hayes consiguió el Oscar a la mejor actriz de reparto por su interpretación de la entrañable anciana polizonte.
Esta película es la primera de una serie de películas catastróficas sobre aviones que no solo tuvieron explotación dramática sino también cómica en la paródica Aterriza como puedas Cabe preguntarse si el éxito de este género se debió al reparto coral que permitía castings espectaculares, a la fascinación por las catástrofes o las pequeñas historias humanas sacudidas por el desastre o quizá a la suma de todo ello, que se volvió fórmula.


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