La creación como rompecabezas

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Photo by Magda Ehlers on Pexels.com
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Un rompecabezas es un juego en el que se parte de piezas sueltas que se han de encajar para formar una imagen global que resulta de la suma de esas piezas.

Solo hay una posición posible para cada una de ellas. Te vas guiando por el color y el dibujo que forman. Este debe corresponderse exactamente con la imagen final (o podríamos decir también la imagen previa) que tienes que recomponer.

Atención a esa palabra. Recomponer, es decir: volver a componer lo que ya existía y se ha fragmentado para que tú juegues.

¡O te rompas la cabeza!

Venga, no te quejes. Aquí no hay sufrimiento. Si lo haces, es porque te entretiene, te desafía y, al final del proceso, te da satisfacción.

Es normal, casi biológico. A la mente humana le gusta resolver cosas, identificar patrones, encontrar significado.

Aplicado a la escritura de ficción a mí esto me atrae de manera doble.

Siempre intento equilibrar el lado izquierdo y derecho del cerebro. Lo lógico y lo intuitivo.

En la parte más lógica, me gustan mucho las historias bien construidas y en las que todo cuadra. La analogía del reloj. El mecanismo de precisión.

Al fin y al cabo, esa es una de las ventajas de la ficción: nos ofrece la ilusión de control, sentido y orden.

Si está bien hecho, todo encaja y hay una relación causa-efecto entre los acontecimientos. Entonces el creador es como un gran planificador que desde su Comprensión forma un conjunto ordenado y con significación.

La obra es también un puzzle para el lector, que recibe la información dosificada según un plan. Se le dan opciones justas para avanzar o suponer. Se respeta su inteligencia y se le implica. 

Creo que nuestra misión es ofrecer la mejor historia posible, entendida precisamente como construcción. Desplegamos toda nuestra capacidad de armar, crear un dispositivo preciso y luego lo entregamos para el disfrute total del lector.

Aquí cobra especial importancia el desarrollo de ese engranaje. Es la parte más importante del proceso.

Es la razón por la que admiro a Agatha Christie, porque diseñaba tramas perfectas que seguimos disfrutando hoy en día. Sus historias provocan satisfacción.

Pero, como decía, intento equilibrar los dos lados, derecho e izquierdo. Por eso hay otra lectura para lo del puzzle. Es una lectura intuitiva, abierta, totalmente creativa.

Tomo ahora prestada una imagen de David Lynch. Es un creador que admiro también muchísimo y podría decirse que (aparentemente) es lo opuesto a Agatha Christie.

Él es sugerencia, imaginación, fantasía, No linealidad.

No es casualidad que sea un meditador de toda la vida, también pintor. Un artista visual.
¡Y un súper amante del café!

A lo que íbamos… La imagen-metáfora-analogía sería algo así:

Imagina que estás escribiendo, o lo que sea que hagas creativamente. Te encuentras en una habitación trabajando. En otra habitación (no física) toda la obra que tú quieres crear está ya acabada, perfecta, íntegra.

Lo que sucede es que a ti te llega una pieza de esa obra cada vez. Imagina que se desliza por debajo de la puerta. Recibes una pieza y tu tarea es colocarla, esperar a la siguiente y reconstruir esa obra completa que ya existe.

Así es mi experiencia también. Al principio sé que hay una historia pero desconozco la imagen final. Tengo esos fragmentos que voy colocando. A veces siento que, aunque parezcan encajar, no están bien. Creo que la imagen final no es esa. Y entonces rectifico. Sé que al otro lado está “mi” creación.

Muy a menudo para mí la ficha inicial es una imagen. Hay un personaje que no conozco y que veo haciendo algo y es la primera pieza.

A veces es una frase.

En ocasiones, un sentimiento. Entonces es como cuando estás componiendo un trozo del cielo y todas las piezas son azules, aún no muestran nada, pero sí un tono: despejado, soleado, radiante.

De modo que, para resumir, está muy claro lo que tienes que hacer.
Vengan como vengan, has de tomar las piezas y seguir juntándolas, confiada de que la obra existe, aunque aún no la puedas ver.

Confías y trabajas con lo que tienes cada vez.

Cuanto más trabajas, más piezas recibes y todo va avanzando hasta que un día, como por arte de magia, está hecho. Tienes la misma obra en esta habitación y en la otra.

Todo encaja.

Y ese día es muy bonito. Has cumplido.

Y entonces le podrás decir a quien te lee…

“¡Ey, hola!

Mira lo que he escrito. Quiero que sientas placer con esto. El placer de leer algo construido para ti, no arbitrario, animado por un esfuerzo organizador. Pero también algo vivo, traído del otro lado, inspirado hasta donde he podido abrirme. Tal vez te guste… pero si no, seguiremos siendo amig@s”.

Y eso, ni más ni menos, es lo que intento hacer yo cuando escribo ficción.

(de paso también bebo bastante café)

3 comments

  1. Muy buena entrada, el proceso creativo en verdad es como un puzzle. Gracias por recordarnos que es un proceso y que hay que equilibrar lógica y fantasía, emoción, magia… ¡Saludos!

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